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Ganan Floyd Mayweather y McGregor; pierden el box y la UFC

Floyd Mayweather Jr. para su pelea número 50 finalizó como se preveía: con nocaut técnico en el décimo asalto sobre el artista de las artes marciales mixtas Conor McGregor.

      Lo meramente boxístico dejó muy poco para el análisis y somos generosos al considerar que fue poco.

En realidad no se vio nada o lo que se vio fue patético. El cuadrilátero del T-Mobile Arena de Las Vegas fue el palco universal para una burla millonaria, gracias a todo lo que el mundo del boxeo, de manera abrumadora, vaticinó antes de esta lamentable exhibición. No hubo boxeo, pero es necesario marcar lo bueno, lo malo y lo grotesco de un espectáculo circense que ni siquiera alcanzó para divertirnos.

Pero, más allá está la pelea, que logró cosas inigualables en este mundo del espectáculo, fue, seguramente, la más torpe de las peleas de box que recordará la historia de Las Vegas.

Fue la pelea donde más abrumadora fue la diferencia boxística entre un rival y el otro. Fue tal vez la peor demostración de desconocimiento del box por parte de un púgil que, al final de la velada, se llevaría un cheque superior a los $30 millones.

Pero también fue otras cosas, como seguramente será considerada la transmisión más pirateada de toda la historia. Las transmisiones caseras en las pantallas de las redes sociales, especialmente Facebook, se multiplicaban como hongos y las reproducciones de los videos marcaban cifras astronómicas que siempre superaban los seis o siete dígitos. Necesariamente, esos detalles tendrán alguna lógica consecuencia futura.


Pero hay aspectos que necesariamente llaman a la reflexión positiva sobre la burla millonaria de Mayweather y McGregor.

El boxeo, una vez más – gracias a esta pelea – aparecerá en las mayores listas de ganancias. Por otro lado, ante los ojos de los no aficionados, “un boxeador retirado le dio una paliza a un campeón activo de las Artes Marciales Mixtas”.

Aunque moleste admitirlo, es una propaganda positiva para un deporte que sigue creciendo en popularidad como el box. Para la UFC no quedó nada, excepto el dinero de McGregor y la porción que les toque. O sea, así como los fanáticos del box estamos amargados con la payasada en que transformaron nuestro deporte, los fanáticos de la UFC estarán que trinan: Con su incursión en otra disciplina, Conor transformó su violento y admirado deporte en una cosa grotesca e indefensa que hoy es el hazmerreír planetario.

Otro aspecto a tener en cuenta es que el show fue tan malo, que difícilmente exista en el futuro inmediato alguien dispuesto a repetirlo. Esperemos, claro.

También es posible que la farsa sirva para alejar a quienes suelen asociarse a la exposición que este tipo de espectáculos permite. Una de esas consecuencias podría ser el esperado fin de los “cinturones inéditos del CMB” que de un tiempo a a la fecha nacen como hongos ante cualquier pelea de alto perfil.

Indudablemente, a partir de lo visto habrá mucha tela de donde cortar y en ella esperemos que la Comisión Atlética de Nevada se llame a la reflexión. Primero, para evitar repetir estas historias en el futuro, luego, para no otorgarle el rótulo de pelea certificada a algo similar a lo que vimos el sábado y luego revisar sus códigos internos.

Seguramente viendo a Conor McGregor intentar parecerse a un boxeador profesional se las habrá caído la cara de vergüenza a quienes les concedieron la licencia profesional.

La pelea que no fue y el boxeador que no llegó
Ya dijimos que no hubo pelea, pero, ¿qué cosa se entiende como pelea en ese espectáculo al que asistió todo el planeta? Fueron casi 10 asaltos y hasta se podría considerar eso como un mérito de McGregor, pero no fue así.

El desempeño de Mayweather también fue lamentable. Sin estilo, sin distancia, fallando golpes, sin movimiento de piernas y caminando mientras colocaba golpes esporádicos y esquivando las manos desatinadas de McGregor. Su único plan fue subir los antebrazos para protegerse, avanzar y golpear sin preocuparse con sus salidas laterales defensivas. ¿Para qué?

Lo único que el irlandés consiguió hacer fue colocar ganchos que rara vez llegaban con potencia a la zona media e intentaba alguna combinación con poco criterio que Floyd hasta se permitía dejar el rostro para que le llegara como una caricia.

Un notablemente cansado Conor McGregor, por la naturaleza de su formación, recurrió más y más a técnicas de combate permitidas en las artes marciales mixtas, pero no en el box.
Conor simplemente no sabe golpear, nunca logró – al parecer – acostumbrarse a los golpes de boxeo y de manera permanente abanicó sus manos golpeando con la palma abierta.

Lo que hacía bien McGregor era amarrar, la experiencia del octágono en esto lo ayudó mucho y con esos amarres fue llevando la pelea hasta que lo venció el cansancio. No era para menos, no está acostumbrado a ir más allá de los cinco episodios en peleas donde además de realizarlas descalzo y con guantes más livianos, la dinámica de la lucha permite administrar otro tipo de respiración.

Para colmo, el irlandés subió con cerca de 20 libras arriba del peso en la balanza el día anterior. Al décimo asalto no tenía gasolina en el tanque, no tenía piernas, no tenía ganas de seguir con la farsa y en su interior estaría feliz de que no cometió ningún error que le hubiera activado la cláusula del contrato en que le retendrían la mayor parte de la bolsa si, por ejemplo, hubiera dado una patada.

Floyd se va, pero nadie le cree
Si por tan poco se consigue ganar tanto, ¿alguien le creerá esta vez el cuento del retiro definitivo a Mayweather?

Lo hizo ante Manny Pacquiao y ante Andre Berto como boxeador. Nos vendió una farsa patética y hubo platea para comprar “las peleas”. Se prestó para un show grotesco contra Big Show y no conforme con eso, se superó a si mismo transformando el sagrado palco boxístico de Las Vegas en una payasada universal.

Seguramente, se llevará luego del conteo de las ganancias más de $200 millones.

Con apenas 40 años de edad, no faltará en el futuro cercano algún invento parecido al que no le faltaran clientes. No debe ser negada su capacidad empresarial. No le caben culpas a Floyd Mayweather ni tampoco a Conor McGregor. Quienes permiten estos engaños deberán reflexionar sobre su triste papel en la historia del boxeo, porque, como sea, este es un deporte sufrido, donde cada púgil arriesga algo más que una derrota.

Ver lo que vimos la noche del sábado y que una buena parte del planeta se haya dormido convencida de que eso es boxeo no es una razón para alegrarnos o asombrarnos.

Es para lamentar que alguien lo haya permitido, por ello lo del título ganaron los que se burlaron y perdimos todos: los que sabíamos que así sería la historia y también los burlados, los que ni se enteraron de que se trataba la cosa.

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